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Tiempo para perder...

24 Apr 20    Male Retes

Rodearse de las paredes de la casa es el verdadero reto de este confinamiento que hoy nos vuelve a ocupar porque sigue siendo nuestra realidad. 

Aquellos activos en redes sociales, seguramente han visto experiencias de todo tipo: desde patear un rollo de papel higiénico hasta contorsionarse para pasar por encima de un palo de escoba. Felicitaciones a aquellos que lo lograron. 

El reto que aquí proponemos es el de dejar de estar fuera para pasar a ser parte del dentro sin que eso nos abrume ni nos haga sentir prisioneros; algunos pensaran que es fácil cuando una casa tiene jardín, patios, terrazas y muchos metros cuadrados, pero creemos que la libertad también se puede sentir en un pequeño apartamento y disponiendo de nuestro bien más preciado y siempre limitado: el TIEMPO. 

TIEMPO para desayunar en calma, eligiendo el dónde, el qué y el cómo: en la cama, en la cocina o en el suelo estilo picnic. El desayuno de toda la vida que se prepara mecánicamente o el meditado que se compone de ingredientes nuevos y preparados de maneras diferentes: ¿Probaron alguna vez las múltiples diferentes formas de cocinar un huevo? Desayunar en familia o adelantarse a los demás y poner música para saborear el café acompañado de un aguacate espolvoreado de semillas y aceite de oliva bueno mientras se fija la vista en el marco de la ventana y se viaja al pasado, o al futuro sin dejar por un solo instante el sitio elegido. 

 

TIEMPO para la lectura; y no hablo solo de esos libros que se acumularon durante años en nuestras estanterías esperando unas vacaciones que se pasaban demasiado rápido, sino de toda la lectura que nos inunda, desde noticias de interminables medios internacionales, entrevistas en medios digitales, periódicos, revistas antiguas que se guardaron con la esperanza de poder llegar a leer, algún día, aquél artículo.

TIEMPO para la ducha, actividad repetitiva donde las haya, pero que cobra una nueva dimensión cuando se realiza con el tiempo necesario para encender una vela perfumada y usar todas las cremas y productos que el trajín cotidiano nos hizo acumular en nuestro armario sin recordar siquiera que allí estaban. 

TIEMPO para sobremesas largas, para las siestas, para los juegos de mesa, para una planta, para probarse ropa que vive en nuestro armario desde hace años sin ser usada, para equivocarse cuatro veces de película y elegir la correcta y volverla a ver, o verla en francés y tratar de entenderla sin subtítulos. 

TIEMPO para contar esa historia que tememos olvidar, o escribir una carta a mano. 

Tiempo también para los que están con nosotros: para tenerlos sentados enfrente, al lado, recostados en un sofá cubiertos por una única manta o en el otro lado del mundo mediante una pantalla o una llamada de teléfono, sin un reloj que limite el escucharlos y mirarlos, conscientes de su presencia, con tiempo para sus historias, el sonido que emite su risa, el largo de sus pestañas o el verdadero color de sus ojos. 

 

¿Tiempo para perder? Juzguen ustedes si todo esto es perderlo. Pareciera que todo es ganancia.


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