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Un motivo para salir...

10 May 20    Male Retes

Se puede, no se puede, se puede solo o en compañía, se puede a un metro de distancia, se puede en coche, en bici, se puede un poco y no se sabe cuándo, se podrá siempre.

Se puede con mascarilla, a veces con guantes, se puede con niños y sin ancianos, pero los ancianos, a veces, pueden. Se puede temprano, o tarde, pero no temprano y tarde.

Se puede para lo imprescindible, lo necesario, lo urgente, se puede para hacer deporte.

Se puede salir cuando antes no se podía y la calle parece saberlo: las imágenes de ciudades atestadas de gente que esperaba el pistoletazo de salida pueblan los informativos porque basta con saber que se puede algo que antes no se podía, para que nos sintamos obligados a hacerlo.

Aunque no exista la urgencia, aunque lo imprescindible no lo sea tanto, aunque nunca hayamos hecho deporte, ahora si, porque nunca hasta ahora en nuestras vidas, nos habíamos visto impedidos de algo que aceptábamos como natural: SALIR DE CASA.

 Y ¿quién puede culparnos por haber empezado a hacer deporte ahora que sobrevivimos a los miedos, a la falta de libertad y probablemente a una pandemia?

Salimos de casa después de casi dos meses de encierro y comprobamos que el invierno se volvió primavera y en Sotogrande, las buganvillas y los nísperos se saltaron el confinamiento mientras nosotros horneábamos pasteles, para irrumpir abarrotando de color las ramas secas de antes de meternos en casa.

Aquí en el Sur, donde todo nos afectó menos, se puede salir a constatar y contrastar una vez más el azul del arriba y el verde del abajo.

Comprobar que el Paseo del Parque sigue allí y continúa teniendo a su izquierda, uno de los Campos de Golf más bonitos del mundo, donde la alfombra es más alfombra porque nadie la ha pisado, y los alcornoques se siguen recostando obedeciendo los dictados del viento de levante.

Y allá en el fondo sigue estando la Playa del Bunker y el mar, que nos sigue esperando. Y descubrimos que en el silencio de las Galerias Paniagua, la farmacia sigue activa y algún ruido de herramientas delata que hay proyectos. Siempre hay proyectos. Como el que nos deja sin palabras al ver que en este tiempo en que no había testigos, desapareció la Casa Geraldine, en la esquina de Alfonso el Sabio y el Paseo y ahora una grúa nos avisa que se viene una nueva. Sí que hay proyectos.

Y ha cambiado el aroma, y el color. Y los azahares, jazmines y lavandas se disputan el liderazgo mientras pasamos por las calles de un urbanización que nos hizo creer que estaba inactiva, mientras nada se detenía en los jardines, en las calles, o en las parcelas que ahora se cubrieron de margaritas.

Y se cuidaron las palmeras, y las casetas de vigilancia siguieron ocupadas con los que nos cuidan, para que nada falte y menos la seguridad.

Y se cortó el césped y se encendieron los aspersores, se recogieron los residuos, se podó lo necesario, se barrieron las aceras, se continuaron las obras y se impartió enseñanza online a los alumnos del Colegio Internacional que se quedaron en casa.

En Sotogrande siempre hay planes de verano y este año más, porque esto es España y no hacen falta largos viajes para llegar al destino dentro del destino.

Porque se puede salir de casa, con prudencia, con restricciones y medidas de seguridad, pero se puede. ¿Para qué?

Solo para comprobar que a este sitio no lo habíamos soñado.


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